domingo, 17 de mayo de 2009

Cómo engañar -un poco- a Google: Scookies

Como todo el mundo sabe, cuando haces una búsqueda en Google guardan tus datos y su negocio publicitario se basa en mercadear con las preferencias, usos y rutas de navegación de lxs usuarixs. Como no todo el mundo dice, Google es el demonio y mola evitar en la medida de lo posible que estas cosas pasen. (En general, mola evitar que privaticen la inteligencia colectiva, para último ejemplo desastroso ver caso Last.fm).

Scookies es una extensión de Firefox que mezcla los datos de todxs lxs usuarixs que la tienen habilitada: cuando haces una búsqueda, la cookie que generas se envía a un servidor que te la cambia por la cookie de cualquier otrx usuarix que acaba de buscar. Así, el perfil que Google asigna a tu ordenador es erróneo y absurdamente ecléptico porque no está basado en tu comportamiento sino en una mezcla aleatoria.

Al menos, esa es la teoría: no sé hasta qué punto funciona y, como dicen en la web de descarga, "no es la solución, sino parte de una actitud". Otras herramientas recomendadas son la extensión Track Me Not, que confunde a los buscadores mandando ruido en forma de consultas falsas; Scroogle, que provee un proxy y hace la búsqueda en Google desde su servidor; y ya para paranoicxs extra, Tor, que provee canales de navegación anónimos y se puede combinar con Privoxy, un proxy que se puede configurar de mil maneras anonimizantes, y Squid, que va de lo mismo pero sinceramente no le he dedicado tiempo a entenderlo.

Por cierto, a mí me lo recomendaron en los comentarios de esta entrada y lo estuve usando cuando se llamaba Gcookies. Actualizando Firefox caducó y, por alguna razón cuya naturaleza puedo sospechar, cambió de nombre y me fue bastante difícil encontrarlo vía, ejem, Google... así que aquí va, por si sirve para evitar a alguien un buen rato navegando entre galletas de smarties.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bibi, vive y deja vivir!!!
Ole, ole y ole por la mujer que no te interrumpió tu vida voluntariamente durante su embarazo!!!
Viva la madre que te concibió!!!
Subhumano
En 1930, Alfred Rosenberg en Der Mythus des 20. Jahrhunderts utilizar el término Untermensh (subhumano) para referirse a aquellos que, supuestamente, se hallaban por debajo de lo humano. El término hizo fortuna y en 1933, una publicación de la SS titulada precisamente El subhumano cargó contra los judíos indicando que pertenecían a esa categoría. En 1942, la Oficina principal de la raza del III Reich distribuyó un panfleto titulado Der Untermensch (El subhumano).

El texto tuvo una tirada de 3.860.995 ejemplares en alemán y además se tradujo a otras catorce lenguas europeas más. En la obra se señalaba que “el subhumano, que biológicamente aparenta ser una creación de la naturaleza similar con manos, pies y una especie de cerebro, con ojos y una boca, es, sin embargo, una criatura completamente diferente”. A esas alturas, el método nacional-socialista resultaba obvio. Para emprender con éxito la gigantesca tarea de exterminar a millones de seres humanos, antes había que desproveerlos de su condición de tales. Apelando a la ciencia – una ciencia risible, dicho sea de paso, judíos, enfermos mentales, personas con dolencias irreversibles fueron clasificados como algo vivo, pero no humano. Una vez colocados en ese grupo, la tarea del exterminio masivo podía llevarse a cabo con total tranquilidad. Y, efectivamente, así fue. Comento todo esto no por el gusto de desplegar ante el lector algunos datos poco conocidos de la Historia del nacional-socialismo alemán, sino para indicar que estaba prácticamente convencido de que el concepto de subhumano había quedado confinado a las páginas más siniestras de la Historia hasta que esta semana tuve ocasión de escuchar a la ministra Aído afirmando que un feto era un ser vivo, pero no un ser humano como había dejado de manifiesto la ciencia. Si en vez de escuchar semejante dislate con acento andaluz lo hubiera oído en alemán, les doy mi palabra de honor de que hubiera puesto mi mano en el fuego porque acababa de pronunciarlas un convencido miembro del partido nacional-socialista obrero alemán (NSDAP). Si la ignorancia es una eximente – y resulta más que dudoso – quizá la ministra sea inocente, pero esa circunstancia no se puede aplicar a Ángel Gabilondo, el ministro de educación. Cualquier persona decente habría respondido que las palabras de la ministra son, como mínimo, una majadería. Pero, interrogado sobre ellas, el señor Gabilondo prefirió escudarse en la frivolidad para no descalificar a su más que objetable compañera de gabinete. Para ser sinceros, no sé cuál de las conductas me parece peor, si la de una ignorante que priva a seres inocentes de su carácter humano para legitimar que se los extermine en masa sin el menor escrúpulo de conciencia o la del profesor universitario que, encaramado a una poltrona ministerial, se inhibe con una gracieta de denunciar semejante barbaridad. En el III Reich, hubo idealistas, no pocas veces semianalfabetos, dispuestos a ejecutar cualquier orden que procediera de su Führer como una señal de progreso, pero tampoco faltaron sujetos con más instrucción, ascendidos a cátedras o ministerios, que se limitaron a mirar hacia otro lado al ver cómo se expulsaba a los judíos de sus trabajos y se preparaba a la población para el baño de sangre. Se puede discutir quién tuvo más culpa del genocidio, pero sus bases quedaron asentadas cuando alguien afirmó que algunos seres humanos eran subhumanos.