miércoles, 4 de marzo de 2009

Un mapa lleno de restos del banquete de los dinosaurios

Un día fui a trabajar y me dijeron que me podía ir y que no hacía falta que volviera porque no me renovaban el contrato (sí, cuando tienes un contrato temporal la ley dice que no hay por qué preavisarte y, sí, cuando tienes tantos trabajadores temporales puedes prescindir del 10% de tu plantilla, es decir, hacer un ERE, sin que ninguna inspección laboral te moleste). En los días siguientes leí un montón de números que escondían historias parecidas y me dio por utilizar una herramienta de mapeo colaborativo que se llama Meipi para coleccionarlas. Lo llamé Crisis en los medios y, en dos meses, ya va por 112 entradas:

Son 112 entradas que dan miedo, o pena, o cabreo, y para muchos análisis. Por ejemplo, el que escribe hoy Juanlu a propósito del genocidio de Vocento, pero a mí el que más me ha gustado es el que hizo Enric González en El País después de la coronación de Obama:

El negocio de la información atraviesa una situación no muy distinta a la que vivió la música popular, lo que llamamos pop-rock, entre 1975 y 1980. El lector medianamente veterano recordará la extraordinaria pesadez de todo aquello: los discos conceptuales, las canciones de 15 minutos, la reiteración hasta la náusea, los finales inacabables, y, encima, la desvergüenza con que unos músicos más o menos embrutecidos por los excesos y ahogados en dólares lanzaban consignas supuestamente provocadoras. Se sabe cómo acabó el latazo sinfónico. Irrumpieron unos tipos sin técnica ni sentido, gente como los Sex Pistols y sus herederos, y acabaron en dos patadas con los dinosaurios. ¿Por qué? Porque los dinosaurios aburrían y no eran creíbles. Cualquier alarido espontáneo, cualquier enunciado simple y de aspecto sincero, era más agradecido que aquella sofisticada tabarra sinfónica e industrial. Parte de esa murga musical vuelve ahora a hacer giras, pero como subproducto industrial, como caricatura o como vestigio arqueológico. Ninguna importancia. (...) El punk de los blogs y las redes suena ya en el subsuelo. El mundo conversa electrónicamente. Nosotros, la vieja industria, seguimos entretenidos subiendo los decibelios.

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