jueves, 10 de enero de 2008

Counterculture-jamming: salpicones

Tirando del artículo de Wired anteriormente enlazado llego a la documentación de unas intervenciones aún más interesantes: The Splasher es un dudoso colectivo de gamberros que pasaron el verano de 2006 arrojando pintura sobre creaciones de artistas conocidos en las calles de Nueva York. El objetivo: hacer notar que "el arte de la calle es una rebelión patrocinada por la burguesía".

Enfrentándonos a lo que los expertos llaman 'street art', nuestras acciones han puesto al descubierto una alianza entre la fuerza coercitiva del estado y la 'clase creativa' del artista. Comenzamos esta serie de acciones como una crítica a la racionalidad. Los métodos actuales y banales de enfrentarse al orden establecido a través del 'street art' se han podrido y asentado como métodos de acomodamiento."

Para mostrar su desprecio aún más, después de la pintura pegaban carteles-manifiesto con cola mezclada con trozos de cristal. Evidentemente este revival dadaísta no les valió precisamente para hacer amigos y parece que parte de la comunidad se les echó encima.

La contraréplica la hicieron en forma de fanzine oldskool. Lo más que he encontrado son estos extractos, comentados por gente bastante imbécil, por cierto, que dejan intuir que son unos gamberros bastante simpáticos que han leído más de un panfleto situacionista. La continuación de la aventura les llevó, a ellos o a sus amigos, a las páginas del New York Times.

Más que la crítica a la mercantilización de la subcultura en forma de Vans y soporte publicitario, o a la confusión desmovilizadora que conlleva ("permite a los chavales educados de clase media probar un sentimiento de peligro sin riesgo real ni sacrificio"), que también, me interesa el planteamiento del arte de calle como agente gentrificador. De como un barrio empobrecido se vuelve trendy cuando llega Banksy, cosa que pasa a otras escalas y no sólo en las ciudades yankees.

Al hilo de esto me da por pensar en cómo una experiencia tan potencialmente alternativa como el CSOA Casas Viejas ha contribuido decisivamente en la rehabilitación del barrio de El Pumarejo, acelerando el proceso de gentrificación que ahora les expulsa de él junto con cientos de personas. Igual que el trabajo de dinamización de La Dínamo en Lavapiés se volvió contra ellos, por ejemplo.

A nadie se le escapa que la reacción ludista de los splashers, dadaístas, fluxistas, huelguistas, etcétera tiene miles de lagunas teóricas y responde más al deseo de canalizar la rabia, pero esto también me parece pertinente y necesario. Y, de cualquier manera, no hay que olvidar nunca la eterna sospecha de las paradojas mediante las que torrentes de energía revoltosa se envasan con código de barras y precio + IVA. Aunque sea para poder pedirlo en la Fnac.

2 comentarios:

Ana Saturno dijo...

Interesantísima esta entrada, Marta.

En su día quise comentar algo sobre Banksy y la mercantilización del arte urbano cuando se inauguró su exposición en Los Ángeles con asistencia hasta de Brad Pitt y Angelina Jolie, pero nunca lo hice. Desde luego, no me hubiera quedado tan bien ni tan clara como ésta.

Saludos

marta dijo...

La verdad es que lo de Banksy merece un capítulo aparte... eso sí, yo prefiero ver a la Jolie en la tele porque ha ido a una exposición suya -y que salgan sus obras de refilón, que tiene algunas chulísimas-, que en el estreno de cualquier peli chusca. Vamos, que si todos pudiéramos ser mainstream igual no le hacíamos tanto asco...
Saludos y gracias por pasarte por aquí.