miércoles, 15 de agosto de 2007

Becarios que escriben sobre pelis de buenos y malos

Los rusos siempre nos han parecido tontísimos y no nos extraña que les pille un niño de trece años (lo que nos extraña es que no les pillemos nosotros). Los cubanos son demasiado latinos y retóricos para tomarles en serio y a otros intentos no hay por donde cogerlos... Pero los chinos, joder, qué miedo nos dan los chinos, ¿no?

Tanto que si la cagamos externalizando, como Mattel, hay que dejar bien claro quién tiene la culpa, que ellos lo sufran y que nosotros lo veamos. Que no se crean que por trabajar un poco más barato no van a tener que rendir cuentas... Y de paso el gobierno chino responderá con alguna medida que nosotros podamos ridiculizar, y todos tan contentos.

Estas tendencias así a nivel macro casi que puede parecer que dan igual y más que nada sirven para dar juego a análisis simplistas, pero cuando se traspasan al micro sí que nos acojonan bastante: ¡uy, alerta, que vienen los chinos a comerse nuestros comercios tradicionales! Como ejemplo, estos magníficos reportajes de "investigación" publicados en el ABC de Sevilla el pasado 12 de agosto (los pdfs los adjunto para cuando la hemeroteca de pago del ABC los fagocite):

. "El comercio chino se hace ya con un 25% de los ingresos del sector en Sevilla" (pdf)

. "La otra cara del milagro oriental" (pdf)

Bien, lo que tenemos ahí es, además de un claro ejemplo de que las redacciones de los periódicos se nutren en verano aún más que durante del resto del año del trabajo de los becarios (que en el caso del ABC cobran 0 euros y trabajan seis horas diarias, incluyendo finde sí finde no), un texto que encajaría en cualquier manual sobre lo que NO hay que hacer: estigmatizar, generalizar, criminalizar y tal. Además de desconcordar adjetivos, olvidar tildes, poner comas entre sujeto y verbo, construir oraciones gramaticalmente absurdas y ese tipo de menudencias.

La idea principal es que los chinos nos invaden, son una marea que se impone sobre nuestros hábitos de consumo, incumplen la ley y distribuyen productos hechos en talleres clandestinos que no están homologados. Anda, ¿no se parece eso a lo que hace Mattel?

Menos mal que la misma y la tal Cristina Aguilar, becaria sin prejuicios donde las haya (y persona a la que indudablemente pongo cara de una de esas niñas hipermaquilladas y megatontas que se pasean por una facultad de comunicación buscando quien les venda una entrada para la fiesta de Publicidad en la discoteca Chuli), nos da datos como que sólo los establecimientos de más de 300 metros cuadrados no pueden abrir cuando les da la gana y que lo de revender productos comprados en supermercados lo hacen los dueños de pequeños comercios desde hace años. Caramba, visto así, a lo mejor estos chinos no son tan malos... y, además, qué sería de nuestra alimentación sin el ramen instantáneo que sólo ellos venden.

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